Arte y cultura En el día de la Lengua MaternaHomenaje a las lenguas indígenas de Panamá
En Panamá hay siete pueblos aborígenes que poseen sus propias lenguas: ngäbe, buglé, kuna, emberá, wounaan, naso tjerdi y bribrí. Tres de ellas están amenazadas: woun meu (waunaan), naso teribe, bribrí y buglé. *Isis de Vaz de Melo Fotos:Genaro Ortega Muñoz
*Isis de Vaz de Melo
PA-DIGITAL
El Salón de Audiovisuales de la Universidad Latina de Panamá se llenó de magia… se respiraba orgullo, pertenencia y unidad. El maestro Marden Paniza y el cantautor kuna Audry Olaidegiña ensayaban algunas canciones en cuanto la sala se llenaba. Plena de color y alegría, la cantante Yomira John nos dejaba asomarnos a su maravilloso talento, su gran carisma y personalidad, tan encantador como su atuendo artístico.
Todos, expectantes, nos mirábamos en cuanto llegaban los expertos. Lingüistas, especialistas en fonoaudiología y psicopedagogía, científicos, autoridades de la Comarca Kuna, representantes del pueblo ngäbe y emberá, funcionarios de la Dirección Intercultural Bilingüe de MEDUCA, todos unidos como hermanos por un fin común, que es preservar nuestra herencia lingüística, histórica y cultural, nos dispusimos a participar de la mesa redonda con las siguientes ponencias:
"Avances y perspectivas de la educación intercultural bilingüe en Panamá", a cargo de la profesora Jenny Gómez, directora de la Dirección Nacional de Educación Intercultural Bilingüe de MEDUCA; "Su experiencia personal en el aprendizaje de la lengua kuna", con la profesora Salete de Campos; "Educación bilingüe en minorías sociolingüísticas", por Miguel Quezada; "La lengua materna en los estudios científicos", presentada por Onésimo Pérez y "La documentación de la lengua kuna", expuesta por el magíster Daniel Smith.
Concluimos que le falta impulso al conocimiento y aprendizaje de nuestras lenguas aborígenes, tal vez, por tratarse de minorías apartadas de los centros urbanos, no se les ha dado la suficiente importancia que permita la preservación de sus lenguas y culturas.
Salimos de allí con el compromiso de que esta no sería la última actividad, que haríamos todo lo posible para intentar lograr este objetivo, y sentimos el enorme vacío en que las universidades del país han colocado nuestro acervo lingüístico. Se enseñan lenguas como el francés, japonés e inglés, pero nadie enseña la lengua kuna o emberá. Es hora de que las lenguas indígenas tengan el espacio que se merecen en esta sociedad y no descansaremos hasta lograrlo.
Con lágrimas en los ojos, con los sentimientos comprometidos y con el alma en el cielo, fuimos transportados por los artistas al etéreo estado subliminal del ser. Fueron, simplemente, maravillosos.
La Fundación Nuestra Lengua tuvo la iniciativa de organizar esta actividad en el marco de la celebración del Día Internacional de la Lengua Materna, que fue proclamado por la Conferencia General de la UNESCO en 1999.
Nuestra fundación está comprometida con el desarrollo de la lengua española, así como de las otras lenguas que hacen parte de nuestra herencia nacional, porque comprendemos que mediante el uso de la lengua materna se fortalece la capacidad para el aprendizaje de otras lenguas y se preserva el patrimonio cultural de un pueblo o nación.
Son siete los pueblos aborígenes que poseen sus propias lenguas en Panamá: ngäbe, buglé, kuna, emberá, wounaan, naso tjerdi y bribrí. Se estima que tres de ellas están amenazadas: woun meu (waunaan), naso teribe, bribrí y buglé.
La Ley N.º 88 del 22 de noviembre de 2010 reconoce las lenguas y los alfabetos de los pueblos indígenas de Panamá y dicta normas para la educación intercultural bilingüe. Todo un hito en nuestra historia, que nos comprometemos a preservar.
* Directora de la Fundación Nuestra Lengua
domingo, 13 de marzo de 2011
domingo, 6 de febrero de 2011
lunes, 4 de octubre de 2010
viernes, 2 de julio de 2010
Entre Costa Rica y Colombia
El Parlamento Tico aprobó ayer la entrada a su territorio de 46 navíos artillados y también se esperan 200 helicópteros, todo esto será tripulado por unos siete mil infantes de marina del Ejército de los Estados Unidos y permanecerán en el vecino país por unos seis meses.
El esquema de patrullaje conjunto para luchar contra el narcotráfico, fue la manera como Costa Rica, ha disfrazado la ocupación de su tierra por un ejército extranjero. Algo, pero en mayor escala, es lo que ha ocurrido en Colombia.
Se que muchos se disgustarán por lo que escribiré a continuación, pero a pesar de no ser especialista en juegos de guerra ni tener rango militar, veo la situación de Panamá bastante delicada, ante esta realidad. Se me ocurre que los narcotraficantes colombianos usarán, de aquí en adelante, nuestro país como refugio temporal, trayendo mayores males de los que tenemos hasta ahora. No faltará quien diga que siempre lo han hecho, pero tampoco debemos olvidar que nunca antes ellos habían tenido tanta presión internacional, así que usar a Panamá como refugio, se tornará más frecuente.
Por décadas, Panamá se ha mostrado incapaz de controlar esta situación y hemos visto como ha empeorado en los últimos años. En los últimos meses se han dejado de encontrar las toneladas de droga que llenaban los titulares de los medios de comunicación, pero me pregunto si no se encuentran porque hay mayor control o porque los narcotraficantes se volvieron más astutos.
La sangre que tiñe las calles de nuestro país clama desde la tierra empapada por una solución rápida y eficaz. Es aquí donde debemos plantearnos seriamente si debemos permitir la entrada de los norteamericanos para que nos ayuden a combatir lo que no podemos.
Ya puedo escuchar las voces en contra de esta propuesta. He oído toda clase de ideas para intentar luchar contra la violencia y el narcotráfico, pero casi ninguna nos da soluciones a corto plazo y esto en el caso de que el gobierno de Ricardo Martinelli decida adoptarlas.
La soberanía, vista desde el punto de vista de algunos, es un raro manjar que estamos comiendo con sangre. A todos los que no tenemos esas tendencias vampirescas, les pido que reflexionemos en todos estos acontecimientos para que tomemos la mejor decisión para el país
El esquema de patrullaje conjunto para luchar contra el narcotráfico, fue la manera como Costa Rica, ha disfrazado la ocupación de su tierra por un ejército extranjero. Algo, pero en mayor escala, es lo que ha ocurrido en Colombia.
Se que muchos se disgustarán por lo que escribiré a continuación, pero a pesar de no ser especialista en juegos de guerra ni tener rango militar, veo la situación de Panamá bastante delicada, ante esta realidad. Se me ocurre que los narcotraficantes colombianos usarán, de aquí en adelante, nuestro país como refugio temporal, trayendo mayores males de los que tenemos hasta ahora. No faltará quien diga que siempre lo han hecho, pero tampoco debemos olvidar que nunca antes ellos habían tenido tanta presión internacional, así que usar a Panamá como refugio, se tornará más frecuente.
Por décadas, Panamá se ha mostrado incapaz de controlar esta situación y hemos visto como ha empeorado en los últimos años. En los últimos meses se han dejado de encontrar las toneladas de droga que llenaban los titulares de los medios de comunicación, pero me pregunto si no se encuentran porque hay mayor control o porque los narcotraficantes se volvieron más astutos.
La sangre que tiñe las calles de nuestro país clama desde la tierra empapada por una solución rápida y eficaz. Es aquí donde debemos plantearnos seriamente si debemos permitir la entrada de los norteamericanos para que nos ayuden a combatir lo que no podemos.
Ya puedo escuchar las voces en contra de esta propuesta. He oído toda clase de ideas para intentar luchar contra la violencia y el narcotráfico, pero casi ninguna nos da soluciones a corto plazo y esto en el caso de que el gobierno de Ricardo Martinelli decida adoptarlas.
La soberanía, vista desde el punto de vista de algunos, es un raro manjar que estamos comiendo con sangre. A todos los que no tenemos esas tendencias vampirescas, les pido que reflexionemos en todos estos acontecimientos para que tomemos la mejor decisión para el país
martes, 25 de mayo de 2010
Nuestro Pequeño Olimpo
He escuchado a algunos que dicen que el problema de Panamá somos los panameños, pero yo digo que si en Panamá hubiera sólo colombianos, estaríamos en guerra con algún grupo guerrillero, si fuéramos todos hebreos seríamos blanco terrorista, si fuéramos árabes, algunos de nosotros estaríamos aterrorizando al mundo y si fuéramos argentinos estaríamos peleando por las Malvinas.
Parece que el problema de ser panameño no es la razón de nuestros males. Apostaría que es la indolencia, sobre todo a los temas candentes de nuestro sociedad como el abuso de poder, la criminalidad y la falta de justicia.
Para algunos la política es una extensión de las actividades sociales, que bien empleada lo puede llevar a uno al poder, lo que significa el incremento del pecunio de cada cual. Para otros, la política es algo así como una enviada del mismísimo Hades, que sólo incrementa nuestras desgracias.
Para mí la política es el arte de gobernar con y para los desposeídos. Nuestro problema como nación es que la política está en las manos equivocadas. No veo sinceridad en los discursos presentes y pasados. Hemos sido secuestrados por nuestra propia ignorancia al llevar al poder a gente egoísta. Llevo más de tres elecciones votando mal, no es porque crea en cantos de sirenas o porque el inmortal Zeus haya decidido favorecerme con la visión del futuro. Simplemente he votado por el que me pareció menos malo. El Oráculo de Delfos parece estar muy distante en la historia como para que no me equivoque otra vez.
Si hay algo que sí podemos hacer como ciudadanos es agruparnos para exigir un mejor gobierno. El problema de agruparse es la elección y la credibilidad de los grupos existentes. No la tienen. ¿Qué haremos entonces? ¿Quedarnos de brazos caídos? Pues no, sugiero la creación de nuevos grupos que hagan valer el voto ciudadano. Quién se apunta?
Parece que el problema de ser panameño no es la razón de nuestros males. Apostaría que es la indolencia, sobre todo a los temas candentes de nuestro sociedad como el abuso de poder, la criminalidad y la falta de justicia.
Para algunos la política es una extensión de las actividades sociales, que bien empleada lo puede llevar a uno al poder, lo que significa el incremento del pecunio de cada cual. Para otros, la política es algo así como una enviada del mismísimo Hades, que sólo incrementa nuestras desgracias.
Para mí la política es el arte de gobernar con y para los desposeídos. Nuestro problema como nación es que la política está en las manos equivocadas. No veo sinceridad en los discursos presentes y pasados. Hemos sido secuestrados por nuestra propia ignorancia al llevar al poder a gente egoísta. Llevo más de tres elecciones votando mal, no es porque crea en cantos de sirenas o porque el inmortal Zeus haya decidido favorecerme con la visión del futuro. Simplemente he votado por el que me pareció menos malo. El Oráculo de Delfos parece estar muy distante en la historia como para que no me equivoque otra vez.
Si hay algo que sí podemos hacer como ciudadanos es agruparnos para exigir un mejor gobierno. El problema de agruparse es la elección y la credibilidad de los grupos existentes. No la tienen. ¿Qué haremos entonces? ¿Quedarnos de brazos caídos? Pues no, sugiero la creación de nuevos grupos que hagan valer el voto ciudadano. Quién se apunta?
domingo, 16 de mayo de 2010
Afrodescendientes
Afrodescendientes
Ante la pregunta que se hará durante el censo, me reía, secretamente, sobre las más variopintas opiniones sobre el concepto que cada uno de mis parientes, amigos y hasta conocidos tenían al respecto.
Asombrosamente descubrí un número plural de afrodescendientes que se negaban a aceptar que lo eran. Me sorprendieron con las historias más fantásticas: Mis antepasados, decía uno, son ingleses, franceses, alemanes, españoles…mi piel es oscura porque tengo parientes provenientes de la India. Lo miré con espanto al resaltarle sus facciones y al hecho de que no tenía el cabello lacio y entonces se quedó callado. Yo no soy negro, decía otro del color de nuestro gran orgullo nacional Irving Saladino. Mi madre es blanca y mi apellido es español. La agresividad con que defendía su punto, me hizo quedarme callada por prudencia. Otra conocida decía que ella no era negra porque a pesar de que su piel era negra y se hacía tratamientos para alaciar el cabello, sus facciones eran “finas”.
Descubrí que entre los panameños se encuentran científicos empíricamente formados en genética negroide y escuché barbaridades como estas: Para que una persona sea negra, debe tener las encías negras y las palmas de pies y manos negras, caso contrario, es blanca. Todos los que escuchamos esto comenzamos a mirarnos las palmas de las manos por inercia y los más osados hasta sacaron un espejo para mirarse el color de las encías.
Dentro del círculo de mis parientes encontré la otra cara de la moneda. Mis dos cuñadas son unas muy lindas representantes de la etnia negra y tengo las dos sobrinas más encantadoras del mundo. Mi madre, mujer de piel muy blanca, insistía en que ella era afrodescendiente y en realidad lo es. No se si nuestros antepasados vinieron de las Antillas o directamente de África, sólo se que mis bisabuelos materno y paterno eran negros que se mezclaron con indígenas y españoles, como la gran mayoría de los panameños.
Difícil tarea tendrán los empadronadores hoy cuando vean a negros decir que son blancos y a blancos decir que son negros. No se qué técnicas de autocontrol les habrán dado en su entrenamiento para no reírse o llorar ante esta realidad, pero será todo un hercúleo esfuerzo que, por lo menos, su lenguaje gestual no los traicione.
Escribí este artículo pensando que cuando se den los resultados finales del censo y pese a la realidad que vemos en la calle, en Panamá descubramos que nos auto consideramos pertenecientes a la raza aria.
Profesora Isis de Vaz de Melo
Ante la pregunta que se hará durante el censo, me reía, secretamente, sobre las más variopintas opiniones sobre el concepto que cada uno de mis parientes, amigos y hasta conocidos tenían al respecto.
Asombrosamente descubrí un número plural de afrodescendientes que se negaban a aceptar que lo eran. Me sorprendieron con las historias más fantásticas: Mis antepasados, decía uno, son ingleses, franceses, alemanes, españoles…mi piel es oscura porque tengo parientes provenientes de la India. Lo miré con espanto al resaltarle sus facciones y al hecho de que no tenía el cabello lacio y entonces se quedó callado. Yo no soy negro, decía otro del color de nuestro gran orgullo nacional Irving Saladino. Mi madre es blanca y mi apellido es español. La agresividad con que defendía su punto, me hizo quedarme callada por prudencia. Otra conocida decía que ella no era negra porque a pesar de que su piel era negra y se hacía tratamientos para alaciar el cabello, sus facciones eran “finas”.
Descubrí que entre los panameños se encuentran científicos empíricamente formados en genética negroide y escuché barbaridades como estas: Para que una persona sea negra, debe tener las encías negras y las palmas de pies y manos negras, caso contrario, es blanca. Todos los que escuchamos esto comenzamos a mirarnos las palmas de las manos por inercia y los más osados hasta sacaron un espejo para mirarse el color de las encías.
Dentro del círculo de mis parientes encontré la otra cara de la moneda. Mis dos cuñadas son unas muy lindas representantes de la etnia negra y tengo las dos sobrinas más encantadoras del mundo. Mi madre, mujer de piel muy blanca, insistía en que ella era afrodescendiente y en realidad lo es. No se si nuestros antepasados vinieron de las Antillas o directamente de África, sólo se que mis bisabuelos materno y paterno eran negros que se mezclaron con indígenas y españoles, como la gran mayoría de los panameños.
Difícil tarea tendrán los empadronadores hoy cuando vean a negros decir que son blancos y a blancos decir que son negros. No se qué técnicas de autocontrol les habrán dado en su entrenamiento para no reírse o llorar ante esta realidad, pero será todo un hercúleo esfuerzo que, por lo menos, su lenguaje gestual no los traicione.
Escribí este artículo pensando que cuando se den los resultados finales del censo y pese a la realidad que vemos en la calle, en Panamá descubramos que nos auto consideramos pertenecientes a la raza aria.
Profesora Isis de Vaz de Melo
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